Caminando por las calles de San Salvador, nos encontramos con Francisco Arias, un hombre de 71 años que cada día viaja desde Tonacatepeque hacia la capital para ganarse la vida mediante la venta ambulante y así llevar el sustento a su hogar. Durante horas recorre las calles de San Jacinto y sus alrededores ofreciendo bolsas de basura, al finalizar su jornada, lo espera en casa su única compañía: su esposa.
Y es que esta historia se puede encontrar en cada esquina o en cada plaza donde adultos mayores buscan sus recursos para sobrevivir, las limitadas oportunidades de empleo y los estigmas que existen con relación a la edad los coloca en una situación más vulnerable, sus dificultades no terminan ahí, muchos son víctimas de diversos maltratos y abusos, entre estos se encuentran físicos, psicólogos, económicos y sexuales, hechos que según expertos en su mayoría se dan en los hogares.
El paso de los años y el deterioro de las capacidades mentales, también los coloca en una situación vulnerable, muchos se aprovechan de sus condiciones para obtener beneficios.
En el mundo y en El Salvador, aún falta fortalecer sistemas de prevención y respuesta para actuar ante casos de maltrato, para procurar garantizar la dignidad, derecho y autonomía de los adultos mayores.