Iris Perdomo nunca imaginó que el sueño de reunir a su familia se convertiría en una prueba de fe cuando la corriente del río que divide El Salvador y Guatemala arrastró a su hijo de seis años.
Ella recuerda con firmeza que jamás soltó al pequeño, incluso cuando el agua también la envolvió a ella, y pidió ayuda hasta que lograron rescatarlos.
Aquel momento, lejos de quebrantarla, la impulsó a seguir caminando casi dos meses junto a sus dos hijos, convencida de que el amor de una madre puede más que cualquier obstáculo.