La visión de los conejos, diseñada para detectar amenazas con rapidez, muestra un campo visual que abarca casi todo su entorno.
Esta particular manera de ver, que limita la profundidad y dificulta distinguir ciertos colores, exige ajustar espacios domésticos para evitar accidentes.
Esta percepción menos nítida, que capta movimiento con precisión y funciona incluso con baja luz, condiciona su conducta diaria.