
La tarjeta roja, el máximo símbolo de expulsión en el fútbol, nació a raíz de un episodio ocurrido durante el Mundial de 1966. En ese torneo, el árbitro expulsó al capitán argentino Antonio Rattín, pero el futbolista no comprendió la decisión debido a la barrera del idioma, lo que provocó un momento de tensión en el campo.
Tras ese incidente, el árbitro inglés Ken Aston encontró la solución mientras conducía por Londres. Al observar un semáforo, relacionó el color amarillo con una advertencia y el rojo con la orden de detenerse, idea que dio origen al actual sistema de tarjetas.
La FIFA implementó oficialmente este mecanismo en el Mundial de 1970. Sin embargo, ese torneo tuvo una particularidad: no se mostró ninguna tarjeta roja, aunque sí se exhibieron varias amarillas.
Con el paso de los años, la tarjeta roja se consolidó como una herramienta fundamental para mantener el orden y proteger la integridad de los jugadores.
Los árbitros pueden mostrarla por juego brusco grave, conducta violenta, impedir una ocasión manifiesta de gol o acumular dos tarjetas amarillas en un mismo partido.