
El jamón, las salchichas, la mortadela, el chorizo y el tocino, son algunos embutidos que forman parte de la alimentación diaria de muchas familias salvadoreñas, para algunas son una alternativa práctica y económica que facilita la preparación de las comidas.
Otras, en cambio, prefieren evitarlos por los riesgos que su consumo puede representar para la salud.
La agencia internacional para la investigación del cáncer, perteneciente a la Organización Mundial de la Salud, clasificó las carnes procesadas como carcinógenas su consumo habitual se asocia con un mayor riesgo de desarrollar cáncer colorrectal.
Esto no significa que toda persona que consuma embutidos desarrollará la enfermedad, pero merece atención, cuando su consume se vuelve frecuente.
Ante los hallazgos científicos especialista en el tema recomiendan reducir el consumo de embutidos e incorporar otros alimentos como huevos, frijoles, pollo, frutas y verduras, tomando en cuenta las necesidades y el presupuesto de cada hogar.
Hacer cambios graduales en la alimentación puede contribuir a mejorar la salud. Reducir la frecuencia y la cantidad de consumo de carnes procesadas es clave para disminuir los riesgos asociados a su consumo.