
Tener muchas horas sin comer puede cambiar la forma en que percibimos los alimentos, haciendo que olores y sabores parezcan más intensos según la ciencia.
Cuando disminuyen los niveles de glucosa, el cerebro activa mecanismos relacionados con la búsqueda de energía.
La hormona grelina también participa al enviar señales que aumentan el apetito.
Por eso un alimento sencillo puede parecer más atractivo después de pasar varias horas sin comer. Este proceso ayuda al organismo a priorizar la obtención de comida.