
El sismo de Colombia, de magnitud 7.4, tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, y una profundidad cercana a los 103 kilómetros. Su origen está relacionado con el proceso de subducción entre las placas de Nazca y Sudamericana.
“Para hablar puntualmente de esta región del Pacífico, vamos a hablar de dos placas tectónicas, la placa de Nazca y la placa Suramericana. Allí lo que ocurre es un proceso de subducción, es decir, una de esas placas se hunde por debajo de la otra.”
Aunque el sismo en Colombia fue profundo, su magnitud hizo que una parte importante de la energía llegara hasta la superficie. En Venezuela, el sismo fue mucho más superficial, con una profundidad cercana a los 10 kilómetros.
“En el caso de Colombia ocurrió un sismo sumamente profundo, se le denomina de mediana profundidad y eso, digamos, permitió que las ondas sísmicas viajaran y se atenuaran en el medio hasta llegar a la superficie.”
Pero los terremotos de Colombia y Venezuela no están directamente relacionados, ya que se originaron en fuentes sísmicas y procesos geológicos diferentes. Además, los especialistas recuerdan que estos eventos no pueden predecirse.
“No hay evidencias de que uno desencadene el otro… estamos hablando de fuentes sísmicas distintas, fallas totalmente distintas, muy lejanas una de la otra.”
Colombia cuenta con más de 200 estaciones de monitoreo sísmico y registra alrededor de 2,500 eventos al mes, la mayoría imperceptibles para la población. En El Salvador, la prevención, las construcciones sismorresistentes y el monitoreo de la actividad sísmica también son claves para reducir riesgos.