
La Copa del Mundo, uno de los eventos deportivos más grandes del planeta, genera un impacto ambiental significativo debido al transporte internacional de aficionados, equipos y organizaciones, que produce grandes emisiones de dióxido de carbono por el uso de aviones y vehículos.
La construcción y remodelación de estadios también representan un desafío, porque requieren grandes cantidades de materiales, energía y recursos naturales, aunque en los últimos años los organizadores han buscado implementar diseños más sostenibles con energías renovables, sistemas de ahorro de agua y estructuras reutilizables.
La generación de residuos aumenta considerablemente durante la competencia, desde envases de alimentos hasta productos promocionales, lo que representa un reto para las ciudades anfitrionas, que deben gestionar la basura producida en estadios y zonas de aficionados.
A pesar de estos desafíos, los mundiales han impulsado iniciativas para reducir su impacto, como campañas de reciclaje, transporte público, estadios con menor consumo de energía y programas de compensación de carbono.