
Los números 13 y 18, que durante años fueron prohibidos por pandillas en camisetas de fútbol, han dejado de ser un tabú en muchas comunidades, aunque el temor persiste entre la población, especialmente entre los jóvenes que crecieron bajo el control de los grupos delincuenciales.
Hoy, los jóvenes pueden reunirse en espacios públicos para practicar deporte sin las restricciones impuestas anteriormente, pero muchos aún evitan usar esos números por el miedo que dejó esa etapa.
Los profesores de educación física aseguran que el entorno ha cambiado positivamente y que jóvenes de diferentes sectores pueden convivir sin el temor de antes.