
Por ejemplo, la licencia particular permite conducir automóviles tipo sedán, pickups y vehículos panel de hasta tres toneladas.
Mientras que la licencia liviana amplía esa autorización a vehículos destinados al transporte, como taxis, pickups, microbuses con capacidad de hasta 30 pasajeros y camiones de hasta cinco toneladas.
Para conducir vehículos que superan ese peso se requiere una licencia pesada, que también habilita para manejar vehículos livianos y particulares, además de autobuses con capacidad para más de 30 pasajeros, camiones, remolques, cabezales, tráilers y maquinaria montada sobre ruedas de hule.
También existe la licencia pesada T, que autoriza la conducción de vehículos de transporte de carga pesada, incluida maquinaria montada sobre ruedas, con un peso superior a cinco toneladas y con tres o más ejes.
Sin embargo, más allá del tipo de licencia, expertos señalan que la categorización de los permisos no siempre es suficiente para garantizar que una persona cuenta con la experiencia y las habilidades necesarias para conducir determinados vehículos.
Por ello, consideran necesario reforzar los controles y exigir procesos de formación, evaluación y acreditación más rigurosos, especialmente para quienes buscan conducir vehículos de mayor tamaño, peso o capacidad de pasajeros.
Los especialistas advierten que no se trata únicamente de cumplir con los requisitos para obtener una licencia, sino de garantizar que el conductor demuestre, en la práctica, que está preparado para operar el tipo de vehículo para el cual solicita autorización.
Un conductor no puede simplemente subirse a un vehículo de mayor tamaño o peso por el hecho de tener una licencia vigente, debe contar con la categoría correspondiente.
Y es que las multas por no portar licencia de conducir son de $50 dólares, mientras que conducir un transporte con licencia inadecuada ronda los $100, además del decomiso o remisión del automotor.