
La inflamación es un mecanismo natural de defensa del cuerpo, pero cuando permanece activa durante un periodo prolongado sin una amenaza real, se convierte en inflamación crónica, que puede pasar desapercibida durante años y está relacionada con enfermedades como diabetes tipo 2, problemas cardiovasculares, artritis, obesidad y trastornos metabólicos.
A diferencia de la inflamación aguda, que causa dolor, calor o enrojecimiento, la inflamación crónica puede afectar el funcionamiento normal del organismo sin síntomas evidentes.
Para reducirla, los expertos recomiendan mantener una alimentación equilibrada rica en frutas, verduras, legumbres, pescados y frutos secos, realizar actividad física regular, dormir entre 7 y 8 horas diarias, controlar el estrés y evitar el consumo de tabaco.