
La fresa guarda un secreto botánico: la parte roja que comemos no es el fruto verdadero, mientras los pequeños aquenios de su superficie sí cumplen esa función.
La zona roja y carnosa se desarrolla a partir del receptáculo de la flor y actúa como tejido accesorio que sostiene los verdaderos frutos.
Cada aquenio contiene una semilla y una sola fresa puede tener hasta unos 200 distribuidos sobre su superficie.
Por eso, aunque en la vida cotidiana llamemos “semillas” a esos pequeños puntos, botánicamente son frutos secos.
La fresa también aporta vitamina C y otros compuestos beneficiosos dentro de una alimentación variada.