
En Tucacas, un paraíso costero del norte de Venezuela, los escombros de un complejo residencial destruido por los terremotos del 24 de junio se convirtieron en una fuente de ingresos para algunos habitantes.
Entre las ruinas, varias personas recuperan metales y otros materiales que pueden vender para sobrevivir.
José Luis Teras, de 53 años, quien trabajaba vendiendo helados en la playa, asegura que ahora busca chatarra junto a otros pobladores para reunir dinero.
Los habitantes recolectan cabillas, aluminio, hierro y otros desechos que quedaron alrededor de los muros derrumbados, aunque las autoridades les advierten que no pueden ingresar al edificio por seguridad.