
Los emojis que usas a diario no son un invento de Silicon Valley. Nacieron en Japón en 1999, de la mano de Shigetaka Kurita, y su función original era muy práctica: hacer que los mensajes de texto fueran más fáciles de entender.
Los primeros 176 diseños eran simples, casi pixelados, pero sentaron las bases de un lenguaje visual que hoy trasciende fronteras y culturas.
La ciencia respalda que el cerebro procesa estos símbolos casi instantáneamente, similar a cómo interpreta una sonrisa genuina.
La investigación neurológica ha encontrado que las caritas y corazones activan zonas asociadas al reconocimiento de gestos humanos.
Este fenómeno permite que un simple ícono transmita sentimientos complejos sin necesidad de largas explicaciones.
La idea original pretendía justamente eso: agilizar el mensaje escrito sin perder el tono emocional.