El oficio del ladrillo artesanal sigue vigente

La elaboración de ladrillo artesanal es un oficio al que muchas personas se han dedicado durante años. Ese es el caso de Carlos Hernández, quien desde niño aprendió a fabricarlo. Hoy le presentamos su historia y todo lo que implica este trabajo.

A los 10 años, don Carlos comenzó a trabajar en la fabricación de ladrillo artesanal, un oficio que ha desempeñado durante toda su vida en una ladrillera ubicada en el cantón El Gramal, en Quezaltepeque, La Libertad.

Explica que controlar la temperatura del horno de cocción es fundamental para obtener un ladrillo de calidad. Los hornos alcanzan hasta 1,200 grados centígrados y cada horneada permanece en cocción durante cuatro días. El proceso se realiza de forma artesanal utilizando tierra blanca, tierra negra, barro y aserrín.

En cada horneada, don Carlos produce alrededor de 3,000 ladrillos y vende el millar en aproximadamente 260 dólares, aunque el precio puede variar según los costos de producción.

Don Carlos señala que otro de los principales desafíos es encontrar mano de obra, ya que cada vez son menos los jóvenes interesados en aprender este oficio, pese a que el ladrillo artesanal continúa siendo un material ampliamente utilizado en la construcción de viviendas en El Salvador.

Para este emprendedor, el trabajo artesanal representa mucho más que un medio de vida: significa preservar un oficio que ha sido transmitido de generación en generación.