
Sin embargo, la fragmentación de los servicios y la insuficiencia del financiamiento público hacen que las familias deban asumir gran parte de la responsabilidad y los costos de la atención.
Para 2050, se estima que 306 millones de personas en Las Américas tendrán 60 años o más. Ante el envejecimiento de la población, los países deberán ampliar los servicios que ayudan a las personas a mantener su autonomía, capacidad funcional y calidad de vida.