
Se acerca Halloween, una celebración que se conmemora cada 31 de octubre. Aunque tiene raíces en tradiciones Celtas de Irlanda, cobró mayor popularidad en Estados Unidos. Entre sus principales costumbres está disfrazarse de distintos personajes, muchos de ellos relacionados con el terror. En El Salvador, esta festividad tuvo mayor relevancia en décadas pasadas. Así lo recuerda Luis Melara, quien señala que, durante los años ochenta y noventa, era común que los vecinos organizaran fiestas en las colonias.
Otra persona que ha sido testigo del declive de esta tradición es Gilberto Molina, quien afirma que, con el paso del tiempo, aumentó el miedo y el rechazo hacia este tipo de celebraciones. A esto se suma que una parte importante de la población salvadoreña profesa creencias cristianas, lo que también influye en la forma de percibir esta fecha.
En el mercado Hula Hula, un comerciante ofrece disfraces y otros artículos relacionados con Halloween cada año, sin embargo, asegura que la demanda ha disminuido y que cada vez menos personas adquieren estos productos para la ocasión. Aun así, las ventas no se limitan a octubre, porque muchos padres compran disfraces para sus hijos en otras épocas del año.
Desde la perspectiva religiosa, las posturas frente a Halloween varían entre las denominaciones cristianas. La tradición católica relaciona su nombre con la víspera de todos los santos, cuya solemnidad se celebra el 1 de noviembre. Por su parte, algunas iglesias evangélicas cuestionan esta festividad por su vinculación con símbolos de muerte y prácticas ocultistas, que consideran contrarias a sus convicciones bíblicas.