
Miles de personas han acudido en estos días al Zócalo de la Ciudad de México, donde una Catrina de más de 32 metros de altura engalana la mega ofrenda para conmemorar el Día de Muertos.
La figura se alza sobre la plancha del Zócalo con su tradicional sombrero y atuendos coloridos en homenaje a su creador, José Guadalupe Posada. En su construcción participaron alrededor de 140 personas, entre artesanos, arquitectos y pintores.
El Zócalo se vistió de mística, color y tradición para recibir una de las celebraciones más emblemáticas de la cultura mexicana. Por la noche, la mega ofrenda y la Catrina se iluminan mediante un sistema de luces panorámicas y proyecciones artísticas.
Para la colocación y el diseño del monumento colectivo se utilizaron toneladas de cempasúchil, la flor emblemática de la festividad. El montaje incluye papel picado con diseños alusivos a la muerte digna y festiva, arcos florales monumentales, petates de tule, calaveritas de azúcar y chocolate, así como panes de muerto en ofrendas seccionales.
También se integraron elementos simbólicos de la cosmovisión mesoamericana, como los cuincles de cartón y flores, varas de caña de azúcar, vasos de barro con agua pura y espejos que reflejan el paso de las vidas pasadas.