
Algunas aves migratorias realizan viajes de miles de kilómetros para encontrar alimento, reproducirse o escapar de condiciones climáticas adversas.
Para orientarse, utilizan el campo magnético de la Tierra como una brújula natural.
Otras se guían por la posición del sol y las estrellas durante sus recorridos. También pueden reconocer montañas, ríos, costas y otros elementos del paisaje para mantener el rumbo.
Especies como los charranes árticos migran entre regiones polares y recorren decenas de miles de kilómetros a lo largo de su vida.
Incluso las aves jóvenes que nunca han hecho el recorrido poseen capacidades innatas para encontrar la dirección correcta.