
Ese sobreesfuerzo puede derivar en palpitaciones, mareos, fatiga, falta de aire y en los cuadros más severos, en una urgencia médica.
El problema no se limita a la sensación de sed, cuando desciende la cantidad de líquido en el torrente sanguíneo, también baja el volumen de sangre que regresa al corazón.
Frente a ese escenario, el organismo activa mecanismos automáticos para conservar la presión arterial y sostener el flujo hacia los tejidos, como el estrechamiento de los vasos sanguíneos y el aumento del ritmo de los latidos.