Lilian Hernández asumió la crianza de su bisnieta Elena, una experiencia que redefine el significado del amor incondicional en la tercera edad.
A diferencia de la rigurosidad con la que crio a sus hijos, la bisabuela asegura que con los nietos y bisnietos se aplica una lección aprendida: “se les consiente más”.
Hernández disfruta cada tarde de juegos y loncheras preparadas, sintiendo que ha “vuelto a vivir” sin percibir cansancio físico ni emocional. Su testimonio refleja la realidad de muchas mujeres que vuelven a asumir labores de crianza cuando creían que esa etapa había concluido.