El teléfono móvil, ese objeto que se lleva a la cara varias veces al día y se apoya en distintas superficies, acumula una gran cantidad de bacterias que pueden transferirse al rostro o a los alimentos sin que el usuario sea consciente del riesgo.
Limpiar el dispositivo de manera ocasional no es solo una cuestión estética, sino una práctica de salud que previene el contacto con microorganismos provenientes de manos y superficies contaminadas.
Los especialistas recomiendan usar un paño suave ligeramente húmedo o toallitas especiales para dispositivos electrónicos, evitando productos abrasivos que dañen la pantalla, y convertir este gesto en un hábito periódico que además invita a reflexionar sobre el tiempo de uso diario.