El pontífice retomó la tradición de pasar una parte del verano en esta pintoresca localidad a las afueras de Roma, donde ofició la primera misa pública.
Ante un grupo reducido de fieles y autoridades locales, dadas las dimensiones del templo, el pontífice pronunció una homilía inspirada en la parábola del buen samaritano y en la que abogaba por la empatía y la compasión en el mundo.