Especialistas en salud coinciden en que el lavado de manos es una de las medidas más efectivas y sencillas para prevenir la transmisión de enfermedades infecciosas, incluyendo gripes, resfriados, infecciones digestivas y enfermedades más graves como el sarampión.
Las manos entran en contacto constante con superficies contaminadas y luego tocan la boca, nariz y ojos, que son las principales puertas de entrada de microorganismos al organismo.
Realizar este hábito correctamente con agua y jabón durante al menos 20 segundos elimina la mayoría de gérmenes y reduce drásticamente el riesgo de contagio tanto a nivel personal como comunitario.