
El evento reunió a cientos de turistas que disfrutaron de desfiles, fuegos artificiales, música y sin faltar los farolitos que adornaron calles, plazas e iglesias.
Este festival nació como una expresión de fe en honor al nacimiento de la virgen María, y con el paso de los años se consolidó como un atractivo turístico que lo llevó a ser declarado en 2014 como patrimonio cultural inmaterial de El Salvador.
Durante la fiesta, las familias y comunidades también elaboran altares dedicados a la virgen y otras figuras religiosas, además de realizar procesiones, rezos y misas especiales que acompañan el encendido de los farolitos.