
Marta Hernández, cuya familia de siete integrantes consume principalmente arroz, frijoles y legumbres, explica que la carne solo llega a su mesa dos veces al mes debido a que su libra supera los $5.50, un costo prohibitivo para hogares que, pese al aumento del salario mínimo a $408, no logran cubrir la canasta básica urbana, valorada en $248.
Según el Banco Central de Reserva, este escenario afecta al 27% de la población, que recurre a estrategias como reducir porciones o eliminar comidas, mientras organizaciones sociales advierten que El Salvador tiene una de las canastas más limitadas de Centroamérica, con menos productos que Guatemala o Costa Rica.
Aunque ciudadanos intentan balancear su dieta con pescado o verduras en oferta, reconocen que, «todo ha subido», y algunos calculan que necesitarían ingresos diarios de $20 por persona para sobrevivir sin privaciones.