
Muchos niños salvadoreños no cuentan que sufren bullying porque sienten vergüenza, miedo a represalias o culpa por creerse causantes de la agresión.
La psicóloga Ana Melara explicó que los menores normalizan las bromas ofensivas y prefieren guardar silencio ante el temor de no ser escuchados por sus padres.
Las señales de alerta incluyen cambios repentinos en el estado de ánimo, pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban y respuestas evasivas al preguntarles sobre su día escolar.